El Evangelio que meditaremos este domingo, nos presenta una trampa que se le tiende a Cristo El Señor: “¿Es lícito pagar el impuesto al César¿”.

¿Quiénes le presentan la trampa a Cristo¿, dos grupos que eran sus enemigos, los fariseos, que eran nacionalistas y estaban en contra de los romanos que habían sometido al pueblo judío obligándole a pagar tributo al César de Roma y los herodianos, amigos de Roma.

Si El responde que es lícito pagar el impuesto, los fariseos le acusarían de ser colaborador y enemigo de su propio pueblo; si responde que no es lícito, se le acusaría de ser subversivo y contrario al Imperio Romano que gobernaba Israel.

Y ya conocemos la respuesta de Cristo: «Den al César las cosas que son del César y a Dios las cosas que son de Dios». Con esta respuesta, Cristo proporciona a la humanidad un gran paso adelante, el comienzo de la separación entre religión y política, entre Iglesia y Estado, una diferenciación desconocida antes de El.  

 

La siempre actual Palabra de Cristo, el Señor, plantea un problema difícil para nosotros hoy en nuestra sociedad contemporánea, en cuanto a la obediencia del cristiano como ciudadano a gobiernos no siempre legítimamente constituidos.

Como punto de partida, debemos dejar claro que el cristiano tiene dos patrias, una como ciudadano, con deberes y derechos en el país donde vivimos y, al mismo tiempo, deberes y derechos con una Patria, que siendo eterna, también tiene aquí sus leyes, los mandamientos, su gobierno, sus normas, sus ciudadanos que conforman el Pueblo de Dios, la Iglesia.

Existen dos tipos de gobierno y soberanía de Dios en el mundo: la soberanía espiritual, que constituye el Reino de Dios y que Él ejerce directamente en Cristo, y la soberanía temporal, que Dios ejerce indirectamente confiándola a la libre responsabilidad de los hombres.

“Todo poder viene de Dios”, Rom 13:1. Pero todo poder ejercido en justicia y buscando el desarrollo de sus ciudadanos en sus dos aspectos, humano y sobrenatural. En ese caso debemos obediencia al Estado, como obediencia a Dios. 

En este sentido, la carta a Diogneto, del primer siglo del cristianismo, nos enseña: “Los cristianos, siendo ciudadanos de una Patria que supera la presente, ‘obedecen las leyes establecidas por los hombres, su modo de vida los convierte en mejores ciudadanos que los demás’”.

 El Evangelio no desvía al ciudadano y creyente de sus deberes sociales y políticos, sino que le empodera y enriquece, haciendo que su vida se ajuste a las leyes de las dos patrias a las que pertenece, sin oponer la una a la otra.

 

Sin embargo, el Estado no tiene poder absoluto, ni los ciudadanos pueden caer en la ‘estadolatría’. La gran crisis que ha sacudido al mundo en los últimos días proviene, cuando una religión violenta, fundamentalista y teocrática como el Islam intenta imponer por la fuerza, y en nombre de Dios, una pseudocultura anacrónica y discriminatoria.

En estos casos, un creyente en Cristo ¿puede mostrar obediencia y sumisión a ese tipo de Estado¿.  San Juan en Apocalipsis 13:10 habla de “resistencia”.  Un cristiano no solamente no puede obedecer, sino que NO DEBE obedecer a un Estado que no da a Dios lo que es de Dios, que va en contra de la fe de sus ciudadanos al impedirles manifestar su fe, como ocurre en Nicaragua, China y países musulmanes.

 

¿Puede un cristiano someterse a un estado totalitario en el que la Iglesia se ve obligada a guardar silencio devolviéndola al tiempo de las catacumbas por su persecución?

¿Puede un cristiano prestar su sí incondicional a un Estado que favorece el aborto, la eutanasia, la pena de muerte o que interfiere en el ámbito de la conciencia de los ciudadanos?

Las Respuesta es, no solamente hay que desobedecerle, sino que la contribución de un cristiano a la caída de un régimen abusivo se vuelve necesaria y es la mayor obra de caridad cristiana y la mayor contribución que como ciudadano puede dar  a su Patria.

Para ganarse la obediencia a su autoridad, el Estado debe dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *